viernes, 1 de julio de 2011

el jabalí de Erimanto

Al héroe Heracles, Hércules para los amigos, se le encargaron doce
trabajos. Uno de los cuales consistió en atrapar al jabalí de Erimanto,
una criatura enorme, que hacía estragos en la Argólida. Heracles podría
haber empleado cualquiera de sus poderosas armas. Sin embargo su misión
era el empleo de la fuerza justa: cazarlo sin derramar sangre.

A veces es necesario el empleo de la fuerza, pero lo que nos
distingue de los animales es el control. Por eso, para cazar a la
bestia que nos empobrece, no deberíamos emplear la guillotina, las
bombas, el linchamiento ni todas aquellas armas que nuestra animalidad
nos incita a utilizar. Sabiendo que la bestia dispone de formidables
colmillos y se defenderá con gases lacrimógenos, porras rompehuesos y
cárceles, debemos acorralarla y usando la astucia, saltar sobre su lomo,
dominarla y atarla con mil cadenas para evitar que vuelva a sus andadas.

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